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POESÍA SENSUAL 6
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POESÍA SENSUAL




Nocturno

La noche nos inventa. Sus amantes,
somos sus preferidos
amantes. Oye cómo
crece su inmenso pulso derramado.
Aprisiona su informe aroma.

¿Duermes?

Soñamos juntos al labio del abismo.

La noche nos inventa. Yo te tengo,
ámbar toda. Tú cortas de mi sangre
las amapolas más lejanas. Bajo
la apasionada luna de tus sienes
advierto que la noche entra en nosotros,
se enardece lo mismo que yo.

¿Sueñas?

Despiertos, sobre el mundo navegamos.
La noche nos inventa. Va naciendo
de este extremado limbo compartido
una rosa que embriaga como el jugo
difuso de la muerte. ¡Acude! ¡SálvameI
Salva este eterno instante, de las sombras
detén este latido final.

¿Vives?

Muertos de amor, un lirio nos conduce.

JUAN REJANO     ( España, 1903 – 1976 )


Nocturno*

 

…pero si dejo de soñar
quién nos abriga entonces.
E. Diego

Duermes
calmo tu pecho
sube y baja

flotamos
rodeados por el aire
cálido que exhalas
amor sobre tu cuerpo
y el mío

es el Nilo
una línea oscura

un hilo de agua ondulada
en silencio llega
hasta tu alma

murmuras
y es de noche en tus sueños:
el agua quieta
de un lago helado

es de noche y es invierno
no hay nadie
en este sueño

el dolor
es un punto que arde
en el fondo de tus ojos

un nudo frío
y rojo

BLANCA STREPPONI      ( Argentina, 1952 )

Nocturno de tu boca

Hay lunas en la sombra
que vienen del silencio.
Lunas de sólo sed
que me celan besándome.
Lunas que el espejismo
de vivir me dejaron
para siempre empapado
de verdades tan húmedas,
y tan fieras, como la antigua
sombra del cuerpo
sobre el cuerpo
en los ríos de la gloria.

Ven y dame la luna-profecía
de tu boca.
Su humedad tan secreta
que la vida la sueña.

Su pulpa bendecida
por todas las campanas del ayer.

Ah, tu boca, lentísima
como el tiempo en las horas
primeras del olvido.
Bajando a las raíces
como buscando lluvias,
subiendo a los dinteles
del día enarbolado
por la mano del día.

Entre todas las lunas
-espejos de las vidas-
las lunas que un instante
de niebla son verdad
porque el beso las finge
para siempre perfectas.

Entre todas las lunas
que en la noche se mecen,
agoreras, voladas
y anunciando su lenta
pasión contra el olvido.

Entre todas las lunas,
yo prefiero y escojo,
aquí junto a los mares
que me ignoran soñándome;
yo prefiero la luna
de espejos infinitos
de tu boca y tu boca
enfrentando la copa
del olvido del mundo.

Que besar es un viejo
ejercicio de asombros,
que heredamos de todas,
tantas fugas vividas…
Y tú besas. Tu boca
besando dice «dime
la verdad vencedora
de los besos del tiempo».

LAUREANO ALBÁN       ( Costa Rica, 1942 )

 

Nuestro amor

Nuestro amor no está en nuestros respectivos
y castos genitales, nuestro amor
tampoco en nuestra boca, ni en las manos:
todo nuestro amor guárdase con pálpito
bajo la sangre pura de los ojos.
Mi amor, tu amor esperan que la muerte
se robe los huesos, el diente y la uña,
esperan que en el valle solamente
tus ojos y mis ojos queden juntos,
mirándose ya fuera de sus órbitas,
más bien como dos astros, como uno.

CARLOS GERMÁN BELLI       ( Perú, 1927 )

 

Orgullo

De un día para otro tu seno estacionado
-remanso con hoyuelo- ha empezado a crecer.
Cien veces me ha sufrido tu pudor agraviado,
y todavía, amiga, no lo puedo creer.

Ruidoso como un niño, mi buen humor contrasta
con tu recogimiento de tímida perdiz;
y, con el tono triste de tu reserva casta
ruidosa como un niña, mi palabra feliz.

Así mientras me pides con humilde protesta
para el secreto mutuo mayor intimidad,
yo quisiera vestirme con mi traje de fiesta
y salir a contarlo por toda la ciudad.

JOSÉ PEDRONI     ( Argentino, 1899 – 1968 )

 


Plenilunio

A América Lugo

Por la verde alameda, silenciosos,
íbamos ella y yo,
la luna tras los montes ascendía,
y en la fronda cantaba el ruiseñor.
Y le dije… No sé lo que le dijo
mi temblorosa voz…
En el éter detúvose la luna,
interrumpió su canto el ruiseñor,
y la amada gentil, turbada y muda,
al cielo interrogó.
¿Sabéis de esas preguntas misteriosas
que una respuesta son ?
Guarda, ¡oh, luna, el secreto de mi alma;
cállalo, ruiseñor!

FABIO FIALLO     ( República Dominicana,  1866 – 1942 )

 

Poema III

Vuelvo en alas rompiendo las mareas
a calcinar mi espuma  ante tu orilla.
Siendo mi pan el rayo y la tormenta
voy descalza en  la rosa primitiva.

¿Qué fuerza, hombre, y qué misterio tiene
la sangre  que te asoma en luz ungida?
¿Qué ardor  potente pulsando en tus sienes
me desviste de angustia en la caricia?

Se yergue un semidiós en tu pupila
cuando empuñas la brújula del sueño;
y en tu ola ya extasiada y florecida
me desatas los buitres de los huesos.

Te asisten la violeta y la serpiente
plegadas en tu sexo y tu guarismo.
Por ti, la piedra en nardo se me vuelve;
por ti muero en la luz y resucito.

Por ti quemo mis brujas sentenciales
y en rosa y ponzoña me unjo  los pies.
Santiguo mis senos con miel y caimanes
y en sesgo de sombras aborto la ley.

MARTHA DE ARÉVALO    ( Uruguay )

 

Poema de tu cuerpo

Como una hormiga de plata
mi voz va recorriendo, lentamente,
hoy que ya no te veo,
el nardo luminoso de tu cuerpo…
Mi voz, que soy yo mismo
en la presencia de todas las distancias
de tu carne sonora,
que como flor y como seda
gime cuando mi boca se preludia en besos
en la brasa anhelante de tus labios,
clavel sangrando en ríos de esperanza
que disuelven la menta del deseo.
En el seno de sombras de esta noche de otoño
repaso la geometría de tu cuerpo,
hecha de selva y de marfil,
de brisa que se detiene
y toma una forma intangible
para cantar en brazos y cabello
la sinfonía germinal de un sueño
fundido en el crisol de alguna estrella,
¡tan alta y tan lejana,
que sólo en ti se realizó el milagro
y que no vuelve a realizarse nunca!
¡Así, toda desnuda,
como tu ausencia y tu presencia juntas
en tus senos votivos,
vigilantes de mi angustia
que busca en cada ofrenda
el relámpago vivo de tu carne
que estalla en mí
para beber mi aliento!
Entonces, sólo entonces,
tus pestañas me impiden ver tus ojos,
pero sin darme cuenta
de que en ellos he naufragado íntegro
y que no queda del naufragio
sino el despojo de mis alas muertas
sobre la arena fría de una playa sin olas y desierta.
Tú no te entregas nunca:
tu fatiga es tuya solamente;
la disfrutas muy adentro de ti,
como la vida, no sales del botón de la promesa;
cuando te das, te quedas en ti misma,
como la nube que, si se hila en agua
para caer sobre la tierra entera,
es para levantarse de nuevo
y nuevamente ser agua y nube en el vellón viajero.
Hay islas en tu cuerpo:
las recuerdo una por una y todas
forman el archipiélago de mis besos
que viven de estar en ti presentes
o de quemarse en mí para ser tuyos
y modelarte a su contacto
en el molde sediento de la palabra mía.
Pensar que tú eres mía,
creer que tú eres mía,
saber que tú eres mía
y sentir que lo eres,
como es mía la voz que te acaricia,
como es mía esta sombra que me grita
que es alma para verte.
¡Ah, cómo pudiera ser mar para quedarme
en la sirena de tu cuerpo!
Ser ola y sal para beber tu cuerpo!
¡Y cómo estoy en ti sin que me veas,
hecho beso y caricia trashumantes
en la selva de voces de tu carne,
y en tu alma la nota de silencio!
¡Oh, lágrimas lloradas
en infinitas noches de angustia de tu cuerpo,
como ésta de otoño en que yo siento
que te quedas tallada en mi cerebro
en actitud de mármol,
sin sangre, sin palabras,
presente en el dolor de la distancia,
quieta en la piedra de mi propio llanto!
Pero al tender los brazos tan cansados
se me escapa como el aliento en que se va la vida
y como luz que adentro se me apaga.

RICARDO LÓPEZ MÉNDEZ      ( México, 1903 – 1989  )

Poema de tus manos

Tus manos son dos nardos que mi boca
ensortija de besos. en tus manos,
transformose el manojo de mis penas
en manojos de cantos.

Cuando acarician mi cabeza negra
hay en mi frente pensamientos blancos.

Surgieron en el mar de mi agonía
y se tendieron a mi sueño náufrago.

Y no son manos consteladas -iris
de zafiros, diamantes y topacios-:
son manos que adornaron las virtudes
con las ásperas joyas del trabajo.

JESÚS ORTA RUIZ       ( Cuba, 1922 )

 

Potra de los cuatro vientos

Muéstrate desnuda ahora,
que están erectos tus senos
y tienen sus altas combas
suavidad de terciopelo,
y saben a frutas rojas
tus labios color de sueño,
y tu vientre es una ofrenda
de los más dulces venenos,
donde florece la felpa
en un triángulo perfecto.
Muéstrate desnuda ahora,
¡potra de los cuatro vientos!

ÁNGEL FACAL    ( Uruguay, 1901 – 19..? )

 

 

Premonición

…Y sin saber que nos llegó el momento,
nos quedaremos solos… Habrá como un silencio
tan hondo, que las almas
palpitarán de miedo… Lentamente
mi mano irá a la tuya, y en mis ojos
fulgirán tus radiantes ojos negros…
Cruzarán los instantes, por milagro… En el cielo
se fugará una estrella, dejando en su partida
una rúbrica audaz… y el azulejo,
pobre pájaro mudo que no supo de trinos,
gorjeará mil arpegios…
…Después, en el misterio de la noche feliz,
con suavidad de arrullo, dirás trémula: -Sí…

ERNESTO FERNÁNDEZ ARRONDO   ( Cuba, 1897 – 19..? )

 


Primavera en Eaton Hastings

Porque te siento lejos y tu ausencia
habita mis desiertas soledades,
qué profunda esta tarde derramada
sobre los verdes campos inmortales.

Ya el Invierno dejó su piel antigua
en las ramas recientes de los árboles
y avanza a saltos cortos por el prado
la Primavera de delgado talle.

Por el silencio de pendiente lenta
rueda la brisa en tácito oleaje
y apunta la violeta su murmuIlo
al pie del roble y de la encina grave.

En las aguas inmóviles del lago
anclan nubes y luces vesperales
y tiende el bosque sus flexibles redes
al vuelo prodigioso de tu imagen.

El sol azul con cuidadosas manos
rayos y brumas teje en noble arte
hasta dejar de tu color, amada,
la piel inmaculada de la tarde.

Te miro recostada sobre el césped,
agua verde y verdor claro tu carne,
tu rumoroso pelo embravecido
y el bosque de tu risa palpitante.

Alrededor de tus tobillos breves
ciñe la luz minúsculos collares
y abrazan a tus brazos poderosos
los tallos y las ramas verde antes.

Pulsan las finas cuerdas del silencio
tus voces y los pájaros locuaces;
el cielo en plenitud abre sus venas
de calurosa y colorada sangre.

¡Y alza mi corazón su pesadumbre
como un nido de sombras un gigante!

PEDRO GARFIAS        ( España, 1894 – 1967 )

 

Realidad

La verdad de este cuerpo
mi más honda verdad.

Invadirlo,
apresarlo,
hasta sentir su carne
prolongada en la mía,
integrada en mi sangre,
y sentir por la suya
esa lava ya fría del ardor del placer.

Hasta su sexo llego
como aquellos amantes
que ante un cuerpo desnudos
oficiaban con fervor y belleza
sabiéndose partícipes de Pan y de Afrodita.
Sobre la tierra inhóspita,
bajo el cielo callado y los dioses ausentes,
avanzo por sus valles, laderas, promontorios,
y en el instante exacto del gemido
asalto, rompo, ocupo
la cueva misteriosa,
el cálido refugio
donde morar silente.

Ya rendidos, y fríos, y exhaustos,
los cuerpos se separan,
sus poderes se anulan:
una tregua se abre sobre los blancos lienzos.

Hasta que una mano furtiva se desliza
por la piel tan surcada,
las piernas se entrelazan,
la carne, enmudecida, recupera sus voces,
y el sexo,
cual un mar saliendo de su calma,
se levanta y avanza:
hacia el cuerpo que amo
y que a mi lado yace.

Hermosa realidad que devoro insaciable.

EMILIO MIRÓ        ( España, 1942 )

Recuéstate en el cojín de mi ternura…

Recuéstate en el cojín de mi ternura,
mujer copiada de dolor y rosas,
y dame de tus avispas armoniosas
el azúcar de ayer en agua pura.

Aquí donde un silencio de frescura
se palpa en mi regazo cuando posas,
aterriza el amor en mariposas
tomando de aeropuerto tu figura.

No cambio ser ladrón de tu hermosura,
en este mundo de tan feas cosas,
y explotar tu belleza con usura.

Traslada las avispas armoniosas
del panal de tu piel a la espesura
del bosque de mis manos silenciosas.

ALFREDO SANCHO       ( Costa Rica, 1924 )


Reloj de arena

Hace un siglo amé a un hombre
y podía sentir su olor lamiendo mis entrañas,
el universo revelado ante mí en el borde de su camisa
-botón por botón caían los misterios del profundo oráculo-
mi destino trazado en su torso.

Hoy descanso en su cuerpo con la cotidianeidad de los sueños perdidos.

Hace un siglo amé a un hombre
pero he perdido el rastro de su piel
el sello de su boca,
aquella cicatriz tan cercana a mi ombligo.
Un dolor incoloro se afirma entre mis lágrimas,
ya no es más ese monstruo que me tragaba adentro.

Es cierto que amé a un hombre
pero hoy sus huellas ya no existen
ni siquiera en el persistente agujero de mi almohada.

ADRIANA ORTEGA ORTIZ        (  México,  1966 )

 

Retrato

Estaba allí, perfecta, bella,
sin sombra en las pupilas verdes.
El oro, de corona; el transparente nácar,
de túnica; la sonrisa, de aureola.
Bella, perfecta, en pura geometría
de mármol y caricia del sol último.
¿Qué pensamiento, bajo la amplia frente?
¿Qué beso al borde de los labios?
¿Qué imagen, tras los ojos detenidos
en una mariposa del espacio?
Allí, perfecta, bella. Entre los dedos,
un alma de paloma, muerta,
luchando por entrarse hasta su sangre,
y anidar, otra vez, bajo su seno.
En torno, el ángel de la música
se iba, en ocaso, el mar, desvaneciendo.

EUGENIO FLORIT       ( Cuba, 1903 – 1989 )

 


Se amaban

Se amaban. En la oscuridad sus cuerpos
parecían fantasmas. Se amaban y en el cual1to
sus vestidos vacíos eran como los árboles
desnudos del jardín en un día de niebla.
Pero ellos se amaban. Habían encendido un cigarrillo
y fumaban los dos, cuidando siempre
de colocar los labios en el hueco
que dejaban los labios, así como besándose.
Procuraban que nada separase sus cuerpos.
No hacía falta hablar. Lo habían dicho todo.
Sólo los ojos parpadeaban a veces
sin luz, buscando los contornos
del otro cuerpo amado. y luego
se estrechaban de nuevo los dos cuerpos
y se enlazaban y los dientes ansiosos
encontraban la carne y estallaban las luces
en la pared del fondo. Y el cuerpo no quería
perder el otro cuerpo. Y el tiempo aceleraba
el corazón y se oía una música lejana
y el silbido de un tren en la estación del Norte.
Se amaban. Inventaban de nuevo la razón de existir.
Sus bocas respiraban con el nuevo compás
y sus manos yacían, ya agotadas, sobre el cuerpo
infinito del amante, en la sombra.
Fuera quedaba todo. La vida era el amor.
Lo real era el cuarto, con sus sillas
al fondo, un espejo, un viejo candelabro
y un reloj que marcaba siempre la hora de llegar.
Se amaban. Todo estaba muy claro.
Sobre el mundo, por todo, se seguían amando.

JOAQUÍN MIRÓ         ( España, 1935 )

 


Serenata

(Para ti…
Luna de mis silencios…
Luna de mis tristezas).

Rayo de luna suave que llegas a mi estancia…
Entre tus velos blancos mi Carne disolved!
Este espíritu puro puede ser la fragancia
del espíritu blanco de tu buena merced!
Rayo de luna suave que llegas a mi estancia
a ponerme de blanco «la tristeza de ser»…
Ya que en tus albos tules soy como una fragancia
¡hazme como una nube que no pueda volver!
Llévame entre los pliegues de tus rasos plateados!
Tómame con tus manos que son flores de amor…
Vedme como una novia con los velos rasgados
y con los azahares deshojados en flor!…
Rayo de luna suave que llegas a mi estancia…
¡Vedme como una novia que no habrá de ser más!
Ya que en tus blancas gasas soy como una fragancia
¡hazme como una nube que no vuelva jamás!

OLGA ACEVEDO      ( Chile, 1895 – 1970 )

 

Siesta de amor

Cuando siento en los trópicos que arde
calor fecundo -ese hálito de horno
que comienza en las horas del bochorno
y se suaviza apenas en la tarde-

suelo evocar tu voluptuoso alarde
y trazar en mis sueños tu contorno,
que se exhibe ante mí sin que un adorno
profanador tu desnudez resguarde.

La inclemencia del sol es siempre menos
que tu propia inclemencia, amada mía,
ya que duerme un volcán bajo tus senos;

y por eso, en mis siestas, tu hermosura
es la más ardorosa fantasía
de la imaginación de la Natura.

JOSÉ SANTOS CHOCANO      ( Perú,   1875 – 1934 )

Soneto del divino amor

Amor es este que por ti me abrasa;
amor es este que hacia ti me impele;
amor es este que de amor se duele
en amado dolor que nunca pasa.

Amor es este que se da sin tasa
como nunca en la vida darse suele;
amor que estoy temiendo que se vuele
porque sin él, la muerte fuera escasa.

Amor, y extraño amor este amor mío,
silencioso y profundo como un río
profundo, silencioso y caudaloso.

Amor que nada pide y nada espera
amor que es como un lago sin ribera
bajo un cielo piadoso.

ALFREDO R. BUFANO    ( Argentina, 1895 – 1950 )

 


Te quería, lo sé

Te quería, lo sé.
Lo supe luego, cuando tu ausencia reposó mi sangre.
Pero andaba la lepra del deseo tan aína en el labio
que iba a decir -estrella-,
y se trocaba en madrugada de coñac y sombra…
Y ahora que vuelve el viento de las cinco
a levantar castillos en mi frente,
y las nubes de otoño arremolinan tu recuerdo
en el cuenco de mi mano,
necesito vestir mi voz de tarde
con citas y alamedas de domingo,
para decirte, amor, cómo te quise,
cómo te quiero todavía,
aunque sé que mi voz ha de perderse
en el largo sahara de tu olvido…

JULIO MARISCAL MONTES       ( España, 1922 – 1977 )

 


Todo en la amada

Allá: todo está allí, en esa orilla.
Todo está en ti, mujer: todo en la amada.
Sobre mi seco pozo de silencio
espero la humedad de tu palabra,

lo mismo que la hiedra: brocal solo,
lodo y cal solo hacia las nuevas aguas.
Aquí todo está aquí, en esta orilla,
hacia mi pozo lleno de nostalgias.

Todo está aquí. Todo está en ti, canción;
eres canción, paisaje, tarde clara,
mis hijos, versos míos, tierra madre…
abre, llueve en mi pozo tu palabra.

Aquí, sobre mi pozo de silencio,
donde mi seca voz amurallada,
llueve, canción, mujer, llueve mi voz,
llueve tu voz, tu hiedra en mi antesala.

ALFONSO ALBALÁ       ( España, 1924 – 1974 )

 

Tránsitos

¡Qué bien te siento bajar!
¡qué despacio vas entrando
caliente, viva, en mi cuerpo,
desde ti misma manando
igual que una fuente, ardiendo!

Contigo por ti has llegado
escondida bajo el viento,
- desnuda en él -, y en mis párpados
terminas, doble, tu vuelo.
¡Qué caliente estás! Tu brazo
temblando arde ya en mi pecho.

Entera te has derramado
por mis ojos. ya estás dentro
de mi carne, bajo el árbol
de mis pulsos, en su sombra
bajo el sueño:
¡Entera dentro del sueño!
¡Qué certera en mi descanso
dominas al fin tu reino!

… Pero yo me salvo, salto,
libre fuera de mí, escapo
por mi sangre, me liberto,
y a ti filtrándome mágico,
vuelvo a dejarte en el viento
otra vez sola, buscando
nueva prisión a tu cuerpo.

EMILIO PRADOS    ( España, 1899 – 1962 )

 

Tu cuerpo que deseo y que rechazo…

Tu cuerpo que deseo y que rechazo
mi voluntad domina. Como el vino
mi mente turba, excita y reconforta.
Después, saciado, siento oscuramente
vergüenza del placer así logrado.
Mas al cabo de un tiempo, tu apetencia
resurge en mí acuciante y desespero
y te busco si no te hallo cercana.
No eres joven ni hermosa, sin embargo.
Pero he de conseguirte nuevamente.
A ti, aunque se me ofrezcan las más bellas.
Y no me importa entonces el orgullo,
vileza, sumisión o servilismo.
Embriagarme en tu cuerpo es lo que importa.
Mi voluntad domina. Como el vino
que la garganta exige, imprescindible,
necesito obtener, poseer tu cuerpo:
esta dosis que viaja hacia mí mismo.

JOSÉ MARÍA FONOLLOSA      ( España, 1922 -1991 )


Tú en el alto balcón de tu silencio…

Tú en el alto balcón de tu silencio,
yo en la barca sin rumbo de mi daño,
los dos perdidos por igual camino,
tú esperando mi voz y yo esperando.

Esclavo tú del horizonte inútil,
encadenada yo de mi pasado.
Ni silueta de nave en tu pupila,
ni brújula y timón para mis brazos.

En pie en el alto barandal marino
tú aguardarías mi llegada en vano.
yo habría de llegar sobre la espuma
en el amanecer de un día blanco.

Pero el alto balcón de tu silencio
olvidó la señal para mi barco.
Y me perdí en la niebla de tu encuentro
-como un pájaro ciego-, por los años.

JOSEFINA DE LA TORRE      España, 1907 – 2002

 

Tú me gustas total, entera y toda…

Tú me gustas total, entera y toda,
no por el fuego de tu pelo húmedo,
ni por tus senos de canela tibia,
ni el pecado del ritmo de tu cadera.

Tú me gustas total, entera y toda,
no por tu boca tan intacta al beso,
ni por las llamaradas de tu carne
que se te está calcinando entre las venas.

Tú me gustas total, entera y toda,
no porque eres mía y no me perteneces,
ni porque la envidia de los demás la siento
como si se tratase de propia envidia.

Tú me gustas total, entera y toda,
no porque me la pase junto a ti
bebiéndome tu aliento, ni rumiando
los pedazos de amor que tú me tiras.

Tú me gustas total, entera y toda,
por ese olor a carne que tú tienes;
olor de carne de mujer que es tuyo,
porque nadie más huele así en la tierra.

Tú me gustas total entera y toda,
porque ese olor es tuyo y lo encontré para mí.

CESAR DÍAZ MARTÍNEZ         ( Venezuela )

 

Un roce breve, fugitivo…

Un roce breve, fugitivo
como el ala de una mariposa
hizo arder el aire en un instante
entre tu cuerpo y el mío.

El universo se ocultó a mis ojos
y se encerró en un latido.
Tus miradas se volvieron mares
y sus olas mecieron mi destino.

Para siempre, un instante,
que ninguna muerte extinguirá,
mientras te ame.

CLARA DÍAZ PASCUAL        ( España )

Visión de las sirenas

Helas aquí. De plata y hermosura.
Se desvanecen, aparecen huyen
y la noche lunar las trae de nuevo.
¿Oyes su canto?…
Complácete, no te apresures,
goza en su contemplación su aparición.
……………………………..
No volverás a contemplarlas nunca…

JESÚS HILARIO TUNDIDOR     ( España, 1935 )

Y tú amor mío…

Y tú amor mío, ¿agradeces conmigo
las generosas ocasiones que la mar
nos deparaba de estar juntos? ¿Tú te acuerdas,
casi en el tacto, como yo,
de la caricia intranquila entre dos maniobras,
del temblor de tus pechos
en la camisa abierta cara al viento?

Y de las tardes sosegadas,
cuando la vela débil como un moribundo
nos devolvía a casa muy despacio…
Éramos como huéspedes de la libertad,
tal vez demasiado hermosa.

El azul de la tarde,
las húmedas violetas que oscurecían el aire
se abrían
y volvían a cerrarse tras nosotros
como la puerta de una habitación
por la que no nos hubiéramos
atrevido a preguntar.

Y casi
nos bastaba un ligero contacto,
un distraído cogerte por los hombros
y sentir tu cabeza abandonada,
mientras alrededor se hacía triste
y allá en tierra, en la penumbra
parpadeaban las primeras luces.

CARLOS BARRAL  ( España, 1928 – 1989 )

Yo soy la amada…

Yo soy la amada, amante, soy la amada:
voy andando las horas que separan
mi cuerpo de tu cuerpo
y restañando las frágiles heridas
de huellas que volaron con tu nombre.

Yo soy la amada, amante, soy la amada:
la que brotó salvaje entre tu trigo
y lo tiñó de púrpura,
la que sin darse cuenta
iluminó de pronto tu paisaje,
la que acudió a tu llanto
y en su aljibe
atesoró tus lágrimas.

Yo soy la amada, amante, soy la amada:
la que en silencio mira.
La que te espera.
La que teje sus sueños con tu vida.

LUZMARÍA JIMÉNEZ FARO        ( España )


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